Amy Johnson, llego al mundo el 1 de julio del año 1903 en Hull, Yorkshire. Pasó toda su niñez y adolescencia en su ciudad natal al lado de sus padres y hermanos, y cuando estuvo lista para ir a la universidad De Sheffield en 1923, decidió irse y luchar por sus sueños, ser una notable profesional y descubrir lo que seria su actividad de ocio favorita, la aviación.
Obtuvo su licenciatura en la Facultad de Ciencias Económicas y luego de graduarse se mudó a la capital, Londres, donde encontró trabajo como secretaria para un estudio de abogados y donde empezaría a nacer su interés por la aviación. Lo que al principio fue solo un hobby, iba fortaleciéndose de a pocos y muy segura de lo que quería, empezó su carrera aérea en el Club de Aviación de Londres entre 1928 y 1929, dedicándole todo su tiempo, quiso demostrar que las mujeres son iguales o más competentes que los hombres, dentro de un área dominada por ellos en ese tiempo.

Para mayo de 1936, superó su record anterior, volando desde Inglaterra hasta ciudad del Cabo, en solitario a bordo de un Percival Gull. En lo que a su vida personal respecta, Amy contrajo matrimonio con el aviador escoses Jim Mollison en 1932. Junto a su esposo voló sin hacer escalas desde el sur de Gales hasta los Estados Unidos, un año después de haberse casado. Realizaron varios vuelos juntos, participando en la carrera aérea entre Inglaterra y Australia y volaron sin detenerse hasta la India en 1934. Lamentablemente su vida matrimonial se deterioró y se divorciaron en 1938.
Durante la Segunda Guerra Mundial, se acabaron los vuelos comerciales para Amy, pero sin importarle los riesgos que podía tener, ingresó al Air Transport Auxiliary, donde un grupo de pilotos muy experimentados, pero no aptos para ingresar a la RAF, se dedicaban a transportar aviones desde las pistas de aterrizaje de la fábrica hasta las bases de las Fuerzas Aéreas Británicas. El 5 de enero de 1945, mientras realizaba uno de estos vuelos rutinarios, Amy de 38 años se estrelló en el estuario del Tamesis y se ahogó. Sus restos jamás han sido hallados, pero su recuerdo ha quedado en la memoria de todos los británicos, especialmente en la de los miembros de la Fuerza Aérea.